14 de mayo de 2005
laredo
Hace unos pocos días me encontré con el director de la Revista “De Laredu, Lin”, el amigo Javier González. En el transcurso de la charla me dijo que su publicación va a cumplir ahora el tercer año de vida, y me pidió una colaboración para el número que conmemore ese aniversario, la cual podía versar sobre cualquier tema.
Agradecí a Javier su ofrecimiento y le dije que lo aceptaba con satisfacción.
Dos son las razones que me han movido a ello:
La primera, que conozco a Javier desde que se incorporó a nuestra Villa. Acudo al refranero español, que es el poso, el fermento ancestral de la sabiduría popular, y tomo aquel de “La cara es el espejo del alma”. Semblante sereno, sonrisa franca y mirada limpia. Aposté por él desde el primer momento en que fuimos presentados, y no solo no me equivoqué, sino que, creo, aún me quedé algo corto en mi primera valoración inicial.
La segunda razón es que me agrada el modo de tratar a las personas que han ido apareciendo en la Revista “De Laredu, Lin”, siempre en un tono de respeto y moderación.
Y ese estilo me recuerda la forma muy coincidente en que lo hacía el semanario “La Ilustración de Castro”, entonces de ámbito comarcal (se distribuía, además de Castro-Urdiales, en Laredo, Colindres, Santoña y Ramales), en cuyo semanario, que gozó de gran difusión en esta Villa, llevé una sección histórico-costumbrista titulada “Nostalgias Pejinas”, que a lo largo de cuatro años, de 1.978 a 1.981, recogió los testimonios de personas muy conocidas en Laredo, como D. Alejandro Martínez “El Explicador”, D. Agapito Laya, Don Nemesio Martínez (“Pelines”), Don Angel Salomón, y tantos otros, todos hoy lamentablemente desaparecidos, que contaron sus vidas, sus testimonios y experiencias, las cuales quedaron recogidas de forma impresa, de modo que es posible volver a su lectura y recordar aquellos ya lejanos tiempos, aquellas variopintas circunstancias y a veces emotivos hechos que les tocó vivir.
De otro lado, “De Laredu, Lin”, introduce muy acertadamente en sus páginas, y con profusión, antíguas fotografías de personas y grupos, asimismo de modo semejante a como “La Ilustración” hacía, que incluía con cierta frecuencia, fotos antíguas, esencialmente de personas, grupos, coros, rondallas, comparsas, etc., aunque, bien es verdad, con la limitación que imponía el medio tradicional de rotativa, que no es comparable con la alta calidad técnica actual en el tratamiento de imágenes, como tampoco su soporte en papel cuché, signo de los tiempos, como lo es la propia revista “De Laredu, Lin”.
Cuando nos despedimos Javier y yo, continué mi paseo hacia el puerto, y pensaba qué tema podía tratar. En ese momento me encontraba casi a la altura de la Cofradía de Pescadores, y ajeno a mi voluntad, el recuerdo me llevó a los años de mi niñez justamente en aquella zona. Entrecerré los ojos, dí marcha atrás a la moviola de mis tiempos y apareció bastante nítida la escena que paso a narrar...
R. de F.